Tableau: Contenedores

I'm Vicky, creative, enthusiastic and interested in searching out for analytical solutions. I'm always seeking out new challenges and experiences which enrich knowledge.
Quizás estés a mitad de camino armando tu panel final o ya sentís que la fecha límite se te viene encima. Y quizá estés pensando que podés zafar dejando todos los gráficos flotantes en el dashboard. Total, ¿qué tan importante es el mosaico? ¿Y para qué complicarse con contenedores?
Si estás en esa, te entiendo perfecto. Yo también lo pensé. Y lo aprendí por las malas, así que prefiero contártelo para que no tengas que pasar por lo mismo.
En este post quiero explicarte qué son los contenedores, cómo usarlos bien y por qué, a la larga, te ahorran muchísimo tiempo y frustración. Básicamente, un contenedor es un objeto que agregás al dashboard y que sirve para agrupar otros elementos: hojas, filtros, textos o incluso otros contenedores. La gracia está en que te permiten controlar cómo se distribuyen y redimensionan esos elementos. Todo lo que vive dentro de un contenedor se adapta a un tamaño y una forma determinados, así que cuando ajustás algo, el resto acompaña sin que se desarme la alineación.
En Tableau hay dos tipos de contenedores. El contenedor horizontal coloca los objetos uno al lado del otro, en una sola fila. Es ideal, por ejemplo, para una fila de KPIs en la parte superior del dashboard, porque sabés que siempre van a quedar alineados de izquierda a derecha. El contenedor vertical, en cambio, apila los objetos uno debajo del otro. Es perfecto para agrupar un gráfico con sus filtros y mantener todo ordenado arriba y abajo sin esfuerzo.
Puede sonar bastante básico, pero esto es la base para no volverte loca cuando el dashboard empieza a crecer. Cuando arrancás a diseñar, Tableau te deja trabajar tanto en modo mosaico como flotante. En mosaico, los objetos forman parte de una estructura organizada y se ajustan solos según el layout general. En flotante, tenés libertad total para arrastrar y ubicar cosas donde quieras, incluso superponiéndolas.
Al principio, flotar parece lo más fácil y rápido. Pero en cuanto cambiás el tamaño del dashboard o lo publicás en Tableau Public, ese diseño que parecía perfecto empieza a romperse. Ahí es donde el mosaico y los contenedores salvan las papas. Los dashboards en mosaico son mucho más robustos y responsivos. Cada elemento sabe dónde va y cómo escalar. Si armás bien la estructura desde el inicio, después casi no tenés que tocar nada, incluso cuando cambiás gráficos o el dashboard se ve en distintas pantallas.

Una vez que le agarrás la mano, es muy común empezar a anidar contenedores, es decir, meter contenedores dentro de otros contenedores, combinando horizontales y verticales. Puede parecer un lío al principio, pero es justamente lo que hace que un dashboard se vea prolijo, profesional y consistente. Es como organizar carpetas en la compu: lleva un poco más de tiempo al inicio, pero después te ahorra horas. Si necesitás cambiar, agregar o sacar algo, todo lo demás queda alineado sin drama.
Para cerrar, los contenedores no son la parte más glamorosa del diseño de dashboards, pero cuando entendés cómo funcionan, te cambian el juego. Mantienen todo ordenado, adaptable y fácil de mantener, y te evitan dolores de cabeza innecesarios, sobre todo cuando hay cambios de último momento o tenés que ajustar el diseño para distintos tamaños de pantalla. Así que la próxima vez que armes un dashboard, tratá de resistir la tentación de dejar todo flotante. Usá contenedores, probá, ajustá y fijate cómo el proceso se vuelve mucho más fluido. Tus futuros dashboards, y tu yo del futuro, te lo van a agradecer.
Vicky





